Hay siete días que quisiera atesorar y tenerlos siempre conmigo
Cuando el mar es el cielo y el cielo mar,
El viento es tan delicado, fresco, casi tocas su mano, y lo invitas a caminar.
El horizonte es claro, tan radiante que todo parece nuevo,
No sabes si estás vivo o estás muerto, simplemente se siente tan bien.
Y quisieras quedarte inmóvil para no interrumpir el hechizo.
¿Puede ser el mar? O ¿el cielo? O ¿ambos?, o ¿es mi devoción por ellos?
sin habla, Me quedo maravillada ante tal grandeza hecha por el Gran Arquitecto.
Respiro y sí, estoy viva.
Escrito por J.L.
domingo, 11 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Puede que...
Puede que no estemos juntos/
puede que por ahora no caminemos de la mano/
puede que yo ría y tú llores y no lo sepamos/
puede que yo llore y tú rías y lo sepamos/
puede que ambos estemos riéndonos y no lo sepamos/
puede que estemos llorando y lo sepamos/
puede que ambos caminemos por caminos separados/
puede que yo sienta lo que tú no sientas/
puede que tu sientas lo que yo no siento/
puede que para ambos el amor sea diferente/
signifique diferente/
puede que yo esté empezando a enamorarme
y tú a odiarme/
puede que nunca nos veamos
mucho menos besarnos/
ahora estás ya en todas las cosas
que ya son recuerdos
y que pueden ser de dos minutos/
puede que no me creas
puede que no sean ciertas éstas palabras/
pero lo que sí es cierto/
es lo que haces tú cuando sonríes conmigo/
me haces mirar diferente/
parpadear diferente/
tú
mi musa.
puede que por ahora no caminemos de la mano/
puede que yo ría y tú llores y no lo sepamos/
puede que yo llore y tú rías y lo sepamos/
puede que ambos estemos riéndonos y no lo sepamos/
puede que estemos llorando y lo sepamos/
puede que ambos caminemos por caminos separados/
puede que yo sienta lo que tú no sientas/
puede que tu sientas lo que yo no siento/
puede que para ambos el amor sea diferente/
signifique diferente/
puede que yo esté empezando a enamorarme
y tú a odiarme/
puede que nunca nos veamos
mucho menos besarnos/
ahora estás ya en todas las cosas
que ya son recuerdos
y que pueden ser de dos minutos/
puede que no me creas
puede que no sean ciertas éstas palabras/
pero lo que sí es cierto/
es lo que haces tú cuando sonríes conmigo/
me haces mirar diferente/
parpadear diferente/
tú
mi musa.
ROJO
El Teatro La Plaza, (que ya no es el Teatro La Plaza Isil, eso me enteré gracias que leí el blog del Dramaturgo Alonso Alegría) nos presenta como nos tiene acostumbrados un espectáculo de primera, está vez es ROJO del norteamericano Jhon Logan.
ROJO es una obra que describe la relación entre Mark Rothko, el gran pintor abstracto-expresionista norteamericano y un joven pintor a quien él ha contratado como asistente.
La Plaza teatro con ya varios años, conserva su misma estructura, butacas escalonadas fríamente confortables, con un escenario rectangular perfectamente explotado el espacio para esta obra.
El escenario es un taller del pintor Mark Rothko, la escenografía en ésta obra está bien distribuida en los espacios, las luces en las ventanas dan un ambiente de los exteriores del taller que es de día, la luz que entra cuando los actores entran y salen del taller le da una gran importancia con el juego del tiempo.
La obra atrapa desde un comienzo, al ver los cuadros Rojos de Mark Rothko y su siempre inconforme satisfacción por sus trabajos finales y el entusiasmo de Ken, con un comportamiento al principio sumiso, que está emocionado por trabajar con un pintor que en esa época era considerado uno de los mejores pintores del mundo.
La obra de 90 minutos en un solo acto, encaja y atrapa al espectador por los diálogos fluidos de ambos actores, cada uno expone sus miedos y traumas, los artistas que influyeron en su obras que mencionan nos dan una clase maestra de artistas que debemos conocer, escuchar a Rothko darnos cátedra del pintor expresionista-abstracto Jackson Pollock y al joven pintor Ken hablándonos de Henri Matisse y su fascinación por los colores que éste artista francés nos confirma (reitero)lo importante que es tener un referente a la hora de empezar a crear.
La dramaturgia llega en varios momentos a picos altamente fascinantes, y hasta conmovedores, ver a un Rothko en ira por la llegada de nuevos artistas contemporáneos a las galerías donde él expone sus obras, y a Ken, entusiasmarse por presentarle una pintura que de su creación para tener una opinión de su maestro.
El juego de luces está perfectamente trabajado en la dramaturgia, como en el momento en que ambos pintan la base de rojo el lienzo y la música de fondo que los acompaña, es un momento fantástico, además; de ver que ambos exponen sus traumas que los llevaron de una forma por el mismo camino que es la pintura, por parte de Ken que de niño encontró a sus padres asesinados y ve que la sangre de sus padres se convierte en un rojo oscuro, él juega con el color del cuadro de lienzo recién con la base terminada, y por la parte de Rothko que tiene un terror de que el color negro vaya a desaparecer al color rojo, el juego de definiciones del color rojo-negro-negro-rojo nos muestra las mejores actuaciones de los personajes. Alberto Ísola impecable en el escenario y su excelente actuación, y el joven actor Rómulo Asseretto sorprende con una actuación de primer nivel. El punto máximo es el enfrentamiento cuando el ayudante se enfrenta al maestro increpándole que lo que él está haciendo es por dinero para satisfacer a la burguesía y que está faltando a sus principios de pintor que crea por amor al arte. Rothko que después de visitar el restaurante lujoso regresa a su taller derrotado por la impresión que le ha dado el estar en aquel lugar, y comienza a delirar con pensamientos abstractos las imágenes de los comensales, al mismo que renuncia después de una reflexión abstracta a entregar sus cuadros a los millonarios que quieren comprarlos, porque crees que sus pinturas serán maltratadas por todo ese mundo salvaje, material que encuentra en el restaurante de lujo.
El final de la obra nos muestra la admiración y satisfacción del joven pintor Ken hacia su maestro (a pesar que es despedido) y a un Rothko resignado no solo a no dejar que sus obras estén presentes en un mundo material sino, que también se ha dado cuenta que el arte ha evolucionado y del que solo le queda aceptar.
El aplauso no se deja esperar al final de la obra, que fueron como seis veces que los dos actores salen y regresan para despedirse y el público de pie los despide satisfecho de haber disfrutado de una obra bien realizada en el Teatro La Plaza.
ROJO es una obra que describe la relación entre Mark Rothko, el gran pintor abstracto-expresionista norteamericano y un joven pintor a quien él ha contratado como asistente.
La Plaza teatro con ya varios años, conserva su misma estructura, butacas escalonadas fríamente confortables, con un escenario rectangular perfectamente explotado el espacio para esta obra.
El escenario es un taller del pintor Mark Rothko, la escenografía en ésta obra está bien distribuida en los espacios, las luces en las ventanas dan un ambiente de los exteriores del taller que es de día, la luz que entra cuando los actores entran y salen del taller le da una gran importancia con el juego del tiempo.
La obra atrapa desde un comienzo, al ver los cuadros Rojos de Mark Rothko y su siempre inconforme satisfacción por sus trabajos finales y el entusiasmo de Ken, con un comportamiento al principio sumiso, que está emocionado por trabajar con un pintor que en esa época era considerado uno de los mejores pintores del mundo.
La obra de 90 minutos en un solo acto, encaja y atrapa al espectador por los diálogos fluidos de ambos actores, cada uno expone sus miedos y traumas, los artistas que influyeron en su obras que mencionan nos dan una clase maestra de artistas que debemos conocer, escuchar a Rothko darnos cátedra del pintor expresionista-abstracto Jackson Pollock y al joven pintor Ken hablándonos de Henri Matisse y su fascinación por los colores que éste artista francés nos confirma (reitero)lo importante que es tener un referente a la hora de empezar a crear.
La dramaturgia llega en varios momentos a picos altamente fascinantes, y hasta conmovedores, ver a un Rothko en ira por la llegada de nuevos artistas contemporáneos a las galerías donde él expone sus obras, y a Ken, entusiasmarse por presentarle una pintura que de su creación para tener una opinión de su maestro.
El juego de luces está perfectamente trabajado en la dramaturgia, como en el momento en que ambos pintan la base de rojo el lienzo y la música de fondo que los acompaña, es un momento fantástico, además; de ver que ambos exponen sus traumas que los llevaron de una forma por el mismo camino que es la pintura, por parte de Ken que de niño encontró a sus padres asesinados y ve que la sangre de sus padres se convierte en un rojo oscuro, él juega con el color del cuadro de lienzo recién con la base terminada, y por la parte de Rothko que tiene un terror de que el color negro vaya a desaparecer al color rojo, el juego de definiciones del color rojo-negro-negro-rojo nos muestra las mejores actuaciones de los personajes. Alberto Ísola impecable en el escenario y su excelente actuación, y el joven actor Rómulo Asseretto sorprende con una actuación de primer nivel. El punto máximo es el enfrentamiento cuando el ayudante se enfrenta al maestro increpándole que lo que él está haciendo es por dinero para satisfacer a la burguesía y que está faltando a sus principios de pintor que crea por amor al arte. Rothko que después de visitar el restaurante lujoso regresa a su taller derrotado por la impresión que le ha dado el estar en aquel lugar, y comienza a delirar con pensamientos abstractos las imágenes de los comensales, al mismo que renuncia después de una reflexión abstracta a entregar sus cuadros a los millonarios que quieren comprarlos, porque crees que sus pinturas serán maltratadas por todo ese mundo salvaje, material que encuentra en el restaurante de lujo.
El final de la obra nos muestra la admiración y satisfacción del joven pintor Ken hacia su maestro (a pesar que es despedido) y a un Rothko resignado no solo a no dejar que sus obras estén presentes en un mundo material sino, que también se ha dado cuenta que el arte ha evolucionado y del que solo le queda aceptar.
El aplauso no se deja esperar al final de la obra, que fueron como seis veces que los dos actores salen y regresan para despedirse y el público de pie los despide satisfecho de haber disfrutado de una obra bien realizada en el Teatro La Plaza.
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