Primer domingo de este nuevo año
mis ojos arden
y mis pestañas pesan
dormía soñando en blanco
quizá creía que dormía
una hora, dos horas, diez horas;
pareciera
aún me pesan los ojos
como dos baldes con agua
en las manos de una delicada rama
de árbol de higo
o de árbol de níspero.
Catorce horas
el sol deslumbra la tarde aún
la calor, sí, la calor,
me castiga y me alimenta
con la furia de sus brasas invisibles
con el brillo de su luz solar
sin protector
sin preservativo
sin cuidado alguno
estoy tirado en mi mueble oscuro
a los ojos de mi ventana
de lunas rectangulares
de cortinas cremas vestidas.
Primer domingo del dos mil doce.
No hay comentarios:
Publicar un comentario