sábado, 5 de febrero de 2011

Después de veinte años

Se fue enero, el primer mes de este año 2011, esta última semana ha sido una semana de sorpresas, de perseverancia de alegrías y de tristezas.
En el trabajo, todo siguió igual, solo algo nuevo, están solicitando nuevo personal, que es normal, ya que una colega renunció hace más de quince días.
Lo perseverante es que mantengo una lista de clientes que estoy resguardando con mucho cuidado y entusiasmo, ya que son ellos los que debo concretar las firmas de nuevos contratos, pero están un poco exigentes y simplemente es cuestión de días para tener éxito.
La alegría más grande que tuve fue volver a ver a una amiga del colegio primario, ella, es una chica muy inteligente, linda y amable, su nombre es Rita, y dejamos de vernos cuando terminamos la primaria, aproximadamente veinte años o un poco más.

No recuerdo los años en el colegio con Rita, sinceramente me cuesta recordarlos, es como si todo lo que he vivido hasta ahora ha suprimido por completo parte de mi infancia en aquel colegio con mis amigos. Volver a verla a sido volver a vivir mis años de infancia, de inocencia, de años luces, de amor platónico, de esas historias que no son amor, solo un simple juego. Tengo mala memoria, no logro recordar todo lo que viví en ese entonces, cuando tenía seis, siete, ocho, nueve, diez años, me entristece no recordarlos, pero no me torturo con eso.

Rita, es ahora una mujer profesional, bibliotecaria, está cursando una maestría en Antropología en una de las más prestigiosas universidades de la capital limeña, la Universidad Católica. Siempre fue, y es hasta ahora muy inteligente, siempre la admiré y ahora después de veinte años, me sigue sorprendiendo su inteligencia, sigo admirándola, me sorprende su vitalidad, sus fuerzas, su energía. Perdóname Rita por no acordarme momentos que vivimos en la escuela primaria, quizás algún día vas hacérmelo acordar, y sonrojaré.

Después de veinte años, volver a ver a un compañero del colegio ha sido una de mis mejores experiencias de mi vida, hasta un punto estuve emocionado, nervioso, me sudaban las manos, respiraba frío, sudaba mi frente. Aquella noche fue maravillosa, poder compartir una cena juntos y hablar, hablar por horas, recordando momentos o mejor dicho, Rita haciéndome acordar de mis mejores y peores momentos en la escuela primaria, gracias Rita.

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